28 de junio de 1966: El día que apuraron a la tortuga

En la madrugada del 28 de junio de 1966 el presidente constitucional Arturo Umberto Illia (1900-1983) se encontraba en la Casa de Gobierno acompañado de ministros, colaboradores, senadores y diputados nacionales de su partido. A las cinco de la mañana ingresó el general golpista Julio Alsogaray, el jefe de la Casa Militar, brigadier Rodolfo Pío Otero, el coronel Luis Perlinger y un grupo de oficiales. Venían a pisotear con las botas, pagadas por el pueblo, la Constitución Nacional, iniciando otro triste y patético golpe militar.
El año anterior el gobierno había convocado a elecciones legislativas eliminando las restricciones que pesaban sobre el peronismo, quien presentó sus propias listas de candidatos y triunfó ampliamente en las elecciones con 3.278.434 votos contra 2.734.970 de la Unión Cívica Radical del Pueblo. El triunfo del peronismo agitó la situación interna de las Fuerzas Armadas. El descontento militar se combinó con una fuerte campaña de desprestigio, impulsada por sectores conservadores que criticaban duramente ciertas políticas del gobierno radical, como la Ley de Medicamentos (Ley Oñativia), la política petrolera y cierta autonomía respecto a la posición de los Estados Unidos en política internacional.
La campaña de desprestigio contra Illia se realizó de manera sistemática, utilizando ciertos periodistas y medios de prensa, como Mariano Grondona en Primera Plana (autor luego de los primeros comunicados militares golpistas), Bernardo Neustadt en la Revista Todo y finalmente las de Mariano Montemayor. Para ello se recurrió a la imagen de una tortuga para caracterizar la gestión del presidente como timorata y falta de energía. Simultáneamente se resaltaba la personalidad de los militares, especialmente del general Juan Carlos Onganía, contraponiéndolo con la imagen de los políticos, alentándolos a intervenir como “salvaguarda de la patria”.
Reconstrucción de los diálogos entre el presidente Illia y los golpistas el 28/06/66
Alsogaray: -Vengo a cumplir órdenes del comandante en jefe…
Illia: -El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas soy yo. (Señalando un libro que está a un costado de su mesa). Mi autoridad emana de esa Constitución que nosotros hemos cumplido y que usted también ha jurado cumplir. A lo sumo, Usted es un general sublevado que engaña a sus soldados.
Alsogaray: -En representación de las Fuerzas Armadas vengo a pedirle que abandone este despacho. La escolta de granaderos lo acompañará.
Illia: -Usted no representa a las Fuerzas Armadas, sino tan sólo a un grupo de insurrectos. Usted y quienes lo acompañan actúan como salteadores nocturnos…
Alsogaray: -Señor Presid… (rectificándose) doctor Illia… Varias voces: -¡Señor Presidente!
Alsogaray: con el fin de evitar actos de violencia, lo invito nuevamente a que abandone esta casa.
Illia: -Son Ustedes quienes están provocando la violencia. Ustedes no tienen nada que ver con el Ejército de San Martín y de Belgrano. Le han causado mucho mal a la patria y lo seguirán causando. El país los condenará por esta usurpación…
Alsogaray: -Usted está llevando las cosas a un terreno que no le corresponde, doctor IIlia; le garantizamos su traslado a la residencia de Olivos. Su integridad física está asegurada.
Illia: -Mi bienestar personal no me interesa. Me quedo trabajando en el lugar que me indica la ley y mi deber: Como comandante en jefe, le ordeno que se retire.
AIsogaray: -Yo sólo recibo órdenes del comandante en jefe del Ejército.
IIlia: -El único jefe supremo de las Fuerzas Armadas soy yo. Ustedes son los insurrectos. ¡Retírense!
Los jefes militares abandonan el despacho presidencial. A las seis, retorna el coronel Perlinger en compañía de oficiales subalternos. Perlinger se acerca por la izquierda hasta la mesa de llIia y le dice en tono firme: Perlinger: -Doctor Illia, en nombre de las Fuerzas Armadas, vengo a decirle que ha sido destituido.
Illia: -Ya le he dicho al general Alsogaray que ustedes no representan a las Fuerzas Armadas.
Perlinger: -Me rectifico. En nombre de las fuerzas que poseo…
Illia: -Traiga esas fuerzas.
Perlinger: -No lleguemos a eso…
Illia: -Son ustedes los que emplean la fuerza, no yo.
Perlinger y sus acompañantes se retiran. A las 7.25 vuelve Perlinger está vez al frente de un grupo de efectivos de la guardia de infantería de la Policía Federal, portando pistolas lanzagases.
Perlinger: -Doctor llIia, su integridad física está plenamente asegurada, pero no puedo decir lo mismo a las personas que se encuentran con usted. Ellos serán desalojados por la fuerza.
IIlia: -Su conciencia le va a reprochar lo que esté haciendo. (dirigiéndose a la tropa policial). A muchos de ustedes les dará vergüenza cumplir estas órdenes indignas de quien ni siquiera es su jefe. Acuérdense: cuando cuenten a sus hijos lo que hicieron en este momento, sentirán vergüenza…
Perlinger: Dr Illia tendremos que usar la fuerza… Illia: -Es lo único que tienen… Perlinger: (Con tono enérgico, a sus subordinados): -Dos oficiales a custodiar al doctor Illia, los demás avancen y desalojen el salón. La tropa avanzó mientras que los dos oficiales de policía que debían vigilar a Illia no pudieron cumplir su cometido, pues éste fue inmediatamente rodeado por sus colaboradores. Hubo forcejeos, pero en pocos minutos el despacho fue desalojado. Illia y sus colaboradores bajaron por las escaleras hasta la planta baja, seguidos de cerca por el pequeño batallón de lanzagases. Eran las 7.40 Sobre las veredas de la Plaza de Mayo y del Banco Nación, varias docenas de soldados cuerpo a tierra apuntaban hacia la Casa Rosada con sus fusiles. A las 7.45 Illia subía a un taxi, rumbo a la casa de su hermano en Martínez.
El diálogo reconstruido fue publicado por la revista “Somos” el 21 de enero de 1983, pero Somos no reprodujo con fidelidad los diálogos. Otros testimonios nos permiten afirmar algunas expresiones importantes, luego de mencionar que casi todo el equipo balbinista acompañaba a Illia en la circunstancia. Alsogaray se había colocado a la izquierda del Presidente IIlia, quien sin levantar la cabeza, ni mirarlo siquiera, ni inmutarse, continuó con lo que estaba haciendo en ese momento. Eso habría molestado al militar, quien irritado pretendió arrebatarle una fotografía que en ese momento Illia firmaba para uno de sus colaboradores (un empleado de la secretaría privada, o el jefe de la misma, Miguel Angel López, o un ordenanza, según distintas versiones) Illia impidió que el militar le arrebatara la fotografía y, seguidamente, se produjo una parte del diálogo, que la citada revista no tuvo en cuenta:
Alsogaray: -Deje eso, permítame… Illia:-cállese… Yo no lo conozco. ¿Quién es usted?
Alsogaray: -Soy el general Alsogaray:..
Illia: -Espérese. Estoy atendiendo a un ciudadano, ¿cuál es su nombre amigo? Alsogaray: -Respéteme…
Illia: (Al concluir de firmar la fotografía) Este muchacho es más que usted. Es un ciudadano digno y noble. (Parándose y dirigiéndose al general) ¿ Qué es lo que quiere?
Alsogaray: -Vengo a cumplir órdenes del comandante en jefe. ..
Luego, sigue en líneas generales el diálogo ya reproducido, pero con una variante:
Alsogaray: -En representación de las Fuerzas Armadas le pido que abandone el despacho.
Illia: -Usted no representa a las Fuerzas Armadas, sólo representa a un grupo de insurrectos. Usted y quienes lo acompañan actúan como salteadores nocturnos, que como los bandidos aparecen de madrugada para tomar la Casa de Gobierno…
Años después, el coronel Luis C. Perlinger envió al doctor Illia la siguiente nota:
“A principios de 1966 siendo usted Presidente de la Nación, tuve algunas reuniones en Mar del Plata y en Buenos Aires con generales que ocupaban altos cargos en el EMGE, a los cuales traté de convencer de no romper el orden institucional. Ante la inutilidad de mi prédica y guiado por el desconcepto de que la unidad de la fuerza amenazada por casos aislados de oposición era más importante que el respeto a la Constitución, me plegué al movimiento que estalló el 28 de junio.
Circunstancias que no se buscan, pero que se dan con frecuencia en los hombres de acción me asignaron un rol imporlante en su destitución.
En una presentación fechada en julio de 1976, que repartí profusamente y de la cual me ocupé de enviarle un ejemplar escribía: ‘Hace 10 años el Ejército me ordenó que procediera a desalojar el despacho presidencial. Entonces el doctor Illia serenamente avanzó hacia mí y me repitió varias veces: Sus hijos se lo van a reprochar. ¡Tenía tanta razón! Hace tiempo que yo me lo reprocho porque entonces caí ingenuamente en la trampa de contribuir a desalojar a un movimiento auténticamente nacional.
Usted me dio esa madrugada una inolvidable lección de civismo. El público reconocimiento que en 1976 hice de mi error; si bien no pude reparar el daño causado, da a usted, uno de los grandes demócratas de nuestro país, la satisfacción de que su último acto de gobiemo fue transformar en auténtico demócrata a quien lo estaba expulsando por la fuerza de las armas de su cargo constitucional…”
Fuente: Wikipedia y “Ricardo Balbín, el radicalismo y la república”, Eduardo Giorlandini, edición de la Cámara de Diputados de la Nación, 2001, prólogo de Rafael Pascual
Por Jorge A. Requejo (*)
A comienzos de la década del sesenta la Argentina era un país políticamente inestable (1). Arturo Frondizi había ganado las elecciones de 1958 gracias a un acuerdo con el peronismo, pero a poco de transitar su mandato era cuestionado por sus aliados civiles y por los militares. Lo derrocaron en 1962 y se convocaron a elecciones para el año siguiente. Un problema se mantenía: ¿Qué hacer con el peronismo? La opción de la hora fue proscribirlo.
En julio de 1963 Arturo Illia, hasta entonces un poco conocido dirigente cordobés de la UCR, se impuso con apenas el 25,15% de los votos. La segunda fuerza fue el voto en blanco ordenado por Perón desde Madrid: 19,72%.
Es decir, asumía con una marcada debilidad. Y casi desde el primer día de su gestión, se vio jaqueado por distintas fuerzas. Parecía alguien que estaba en el lugar equivocado y momento equivocado. Aunque visto desde hoy el balance de su gestión destaca por logros innegables, en su tiempo fue criticado y ridiculizado hasta la exasperación. Hay pocos casos en la historia argentina donde un presidente lograra un consenso tan rotundo para ser echado del poder. Y hay pocos casos, donde la mayoría de los que abogaron por su despido se hayan arrepentido, asumiendo que fue un error su conducta de entonces.
Esta situación tan peculiar ha impedido un examen a fondo de ese momento histórico. ¿Cuál fue la verdadera responsabilidad del peronismo en su caída? ¿Cómo se gestó la conjura militar? ¿Qué papel cumplió Estados Unidos, disconforme con varias medidas que afectaban a empresas norteamericanas? En especial la industria farmacéutica. Lo que le generó un largo enfrentamiento con los laboratorios extranjeros por la ley de medicamentos conocida como ley Oñativia.
El 12 de octubre de 1963, asume Arturo Illia como presidente y simultáneamente debe comenzar a enfrentar al movimiento obrero organizado, que a través de la CGT comienza a accionar. La concentración peronista del 17 de octubre es la primera pauta del enfrentamiento que se agudizará cada vez más.
Como ya vimos, la base de legitimación del presidente Illia estaba restringida a una minoría que representaba el 23% del padrón electoral y que el 21% de los votos fueron en blanco.
Desde su primer día de gobierno Illia contó con la antipatía del sindicalismo Vandorista, con el rechazo de los polos económicos-financieros liberales vinculados a los intereses petrolíferos norteamericanos, que se habían fortalecidos durante el gobierno de Frondizi y, la actitud notablemente vigilante de las Fuerzas Armadas encabezadas por el general Onganía. Entre estas facciones beligerantes queda atrapado Illia, y como lo hiciera Frondizi poco tiempo antes, el presidente vio una potencial salida democrática de ese atolladero ensanchando la estrecha base de su apoyo político. Para conseguirlo Illia incentivó una división entre Perón y Vandor, de donde esperaba obtener el rédito suficiente para sostener su gobierno.
Los problemas del presidente eran inminentemente políticos ya que la recuperación económica, el objetivo prioritario declarado por la administración fue tan rápida como inesperada.
Las tasas de consumo en 1964 aumentaron un 10,2%. Las inversiones crecieron un 26%, y la educación recibió un aporte inédito e histórico del 23,2% del presupuesto nacional. En este giro tuvo vital incidencia el incremento del crédito bancario al sector privado y consumidores urbanos, un plan de disminución de deuda con los funcionarios públicos y proveedores del Estado. Asimismo, la actualización de las transferencias federales recuperó la relación entre la nación y las provincias, el gobierno logró disminuir el gasto público y el déficit presupuestario en relación al crecimiento del producto bruto interno, gracias a un aumento en el volumen de la producción. De hecho no hay constancia en la historia económica argentina de los últimos cien años que registre una revitalización general tan veloz sin acudir al empréstito extranjero o a la venta compulsiva de las empresas nacionales (2).
Sin embargo, la debilidad de Illia en la correlación de fuerzas no cambió, pues el impacto positivo global de su campaña económica no influyó políticamente a su favor.
Incluso en mayo y junio de 1964, a propósito de la sanción de una nueva ley de salario mínimo y móvil, el vandorismo hizo una demostración de fuerza, organización y disciplina con un plan de lucha donde 3.900.000 trabajadores coincidieron pacíficamente en la ocupación perfectamente sincronizada de once mil fábricas. Excluida de la esfera política legal la derecha del movimiento peronista operó con agudeza en la extra-institucionalidad, donde se convirtió en un poderoso elemento de desequilibrio del sistema (3).
Illia sabía que el peronismo era una realidad insoslayable, había ingresado a la Casa Rosada con la promesa de legalizarlo y así lo hizo en 1965. Esta maniobra, contrariamente a la caricaturización del anciano lento, provinciano y bonachón que se pretendió adjudicarle desde sectores de la prensa liberal, demostraba audacia frente al recelo antiperonista de las Fuerzas Armadas. La apuesta de Illia consistía en dar curso a una participación legalizada del peronismo sin Perón y avanzar sobre la desconcentración del poder sindical. Era vital para el gobierno intentar ganar mayores márgenes de normalidad institucional que contuvieran las crisis y le permitieran ir ampliando la gobernabilidad dentro de los márgenes democráticos constitucionales, pues la inestabilidad era fruto de la permanente intromisión de agentes externos en el sistema político.
Pero Illia no tenía aliados en los medios de comunicación de circulación masiva, y desde La Opinión, La Nación y sobre todo desde el semanario Primera Plana, se alentó una campaña a favor de una nueva intervención militar. El periodista Mariano Grondona fue uno de los más visibles paladines de las propuestas desestabilizadoras del gobierno de Illia. Por ejemplo, a comienzos de 1965 escribió en su columna política:
“Cuando los órganos normales de poder no funcionan con eficacia (…) surgen de fuera del gobierno los sectores reales que operan como reserva (…) y que terminan por desnivelar el sistema” (4).
A juicio de Grondona, los órganos normales de poder no funcionaban con eficacia, aunque eso no era una novedad para todos los que vieron el derrocamiento de Perón en 1955 y el de Frondizi en 1962. Asimismo, ya en mayo de 1966 Grondona promocionaba las cualidades y la próxima dictadura:
“hoy las reservas del país son dos, una es el ejército y otra Onganía. Una institucional y otra es personal, como en la época de Aramburu” (5)
Los medios de comunicación liberales promovieron el escepticismo respecto a la capacidad de los partidos políticos no sólo como agentes eficaces de un cambio que se consideraba urgente y necesario, sino también descreyeron de su función en tanto conductos adecuados de participación y representación de la sociedad. Se impulsó, en cambio, la idea de que eran la capacidad económica de los denominados factores de poder y grupos de presión los que tenían que decidir el rumbo del país y la política. Era esperable pensar que dichos sectores gestionaran esta imagen de la democracia puesto que su representatividad partidaria y electoral era verdaderamente escasa, recordemos que Aramburu había obtenido solamente un 7,7% de los votos en las últimas elecciones, un hecho incontrastable que lo apartaba de cualquier opción al gobierno por vías democráticas. El respeto de la voluntad de las mayorías, es decir, el respeto del juego democrático significaba, en rigor, no poder imponer sus intereses. A su vez y por su parte, los sectores nacionalistas y liberales de las fuerzas armadas veían en las intervenciones periodísticas una redistribución de influencias y una renovación en sus aspiraciones al poder.
Los radicales del pueblo, habían reivindicado planteos del viejo radicalismo y habían resucitado el slogan que le permitió a Frondizi capitalizar un cierto apoyo popular en una etapa anterior. Ahora es la UCRP la que sostiene la necesidad de anular los contratos de petróleo, suscriptos por Frondizi. Todo el conjunto de argumentos y acusaciones que antes los intransigentes dirigían contra los entregadores de la soberanía nacional, ahora son reivindicados por la otra ala del radicalismo.
La anulación de los contratos petroleros firmados por el ex presidente Frondizi, aprobados mediante un decreto, sin mediación parlamentaria, estaba en las plataformas electorales del Partido Demócrata Cristiano, el Partido Socialista Argentino y la UCRP. Contaba, además, con el beneplácito de los distintos segmentos del arco justicialista. Una posición menos confrontativa era sostenida por el Partido Demócrata Progresista y el Partido Socialista Democrático, quienes se limitaban a propugnar una negociación de los contratos.
La propia UCRI orientada por Oscar Alende adoptó una posición que cedía lugar a la ambigüedad: “Lo que decida el congreso”. (6).
La cultura política argentina, fuertemente impregnada de valores nacionalistas, echaba los cimientos de un amplio consenso en torno al tema. Por otra parte, la modalidad de su aprobación por decreto había herido la sensibilidad republicana de los sectores políticamente liberales.
Otros dos elementos de juicio aceleraron el proceso de toma de decisiones. En contraste con Frondizi, se trataba de exhibir fidelidad con lo postulado en la campaña electoral y ser consecuente con el ideario radical, dado que para Illia los viejos postulados de la Carta de Avellaneda elaborados en la segunda mitad de los años 40, las “Bases de acción política” y la “Profesión de Fe doctrinaria”, continuaban siendo según sus propias palabras una especie de catecismo para la Unión Cívica Radical. (7). De este modo, Illia se diferenciaba de Frondizi tanto ante la opinión pública como frente a la militancia radical. A partir de entonces, no cabrían dudas acerca de quién ostentaba el monopolio de la identidad colectiva de los radicales. (8).
El sábado 16 de noviembre, por la mañana, el gobierno de Illia dio a conocer el decreto de recesión.
En el verano de 1964, el gobierno redobló su apuesta. La vocación médica de Illia reforzó su interés en mejorar la calidad de la salud pública. El 15 de enero ingresó al congreso el proyecto de Ley de Medicamentos.
En el caso de las leyes 16.462 y 16.463, conocidas como leyes Oñativia, y como se podrá apreciar de la trascripción de sendos tratamientos en el recinto de ambas Cámaras, hubo sesiones en común para los proyectos que les dieron origen. Se han subrayado las sesiones que difieren, así como aquellas en las que el tratamiento se realizó por separado, para su mejor apreciación.
LEY 16.462
Precios de drogas, productos químicos, reactivos, formas farmacéuticas, medicamentos, etc. Iter parlamentario
Senado
Mensaje y Proyecto de Ley del PEN (p. 293) 30/01/1964
Mensaje y Proyecto de Ley del PEN (p.295) 30/01/1964
Despacho de las Comisiones de Acción Social y Salud Pública, de Asuntos Constitucionales, de Asuntos Administrativos y municipales, de Comercio, con modificaciones. Orden del día Nº 9 (I)
Consideración y aprobación con modificaciones (p. 513) 6 y 7/02/1964
Diputados
Despacho de las Comisiones de Acción Social y Salud Pública, de Comercio y de Asuntos Constitucionales
Consideración (p. 2738) 09/04/1964
Consideración (p. 2838 y 2855) 10/04/1964
Consideración (p. 2862) 15/04/1964
Consideración (p. 2902) 16/04/1964
Consideración y aprobación en general (p. 2954) 17/04/1964
Consideración y aprobación en particular de los arts. 1 y 2 inc. a), b) c) y puntos 1), 2), 3) y 4) del inc. d), con modificaciones (p. 3116) 22/04/1964
Consideración y aprobación en particular del resto del dictamen de mayoría de las Comisiones, con modificaciones (p. 3137 y 3173) 23 y 24/04/1964
Senado
Despacho de las Comisiones de Acción Social y Salud Pública, de Asuntos Constitucionales, de Asuntos Administrativos y municipales y de Comercio. Orden del Día 1/64
Moción del Senador Fassi de tratamiento sobre tablas (afirmativa)
Consideración y rechazo del proyecto venido en revisión (p.85) 03/06/1964
Diputados
Despacho de las Comisiones de Acción Social y Salud Pública, de Comercio y de Asuntos Constitucionales con dos dictámenes
Orden del Día 53
Consideración y aprobación del dictamen de la mayoría: insistencia en la sanción anterior del cuerpo, por 2/3 de los diputados presentes (p. 1808) 17/07/1964
Senado
Consideración e insistencia en su sanción anterior por 2/3 de los senadores presentes; Sanción (p. 577) 23/07/1964
LEY 16.463
Régimen de producción, elaboración, etc. de medicamentos, drogas, productos químicos, reactivos, formas farmacéuticas, etc. Iter parlamentario
Senado
Mensaje y Proyecto de Ley del PEN (p. 294) 30/01/1964
Mensaje y Proyecto de Ley del PEN (p.297) 30/01/1964
Despacho de las Comisiones de Acción Social y Salud Pública, de Asuntos Constitucionales, de Asuntos Administrativos y municipales, de Comercio, con modificaciones. Orden del día Nº 9 (II)
Consideración y aprobación con modificaciones (p. 492) 6 y 7/02/1964
Diputados
Despacho de las Comisiones de Acción Social y Salud Pública, de Comercio y de Asuntos Constitucionales
Consideración (p. 2738) 09/04/1964
Consideración (p. 2838 y 2855) 10/04/1964
Consideración (p. 2862) 15/04/1964
Consideración (p. 2902) 16/04/1964
Consideración y aprobación en general (p. 2954) 17/04/1964
Consideración y aprobación con modificaciones (p.137) 07/05/1964
Senado
Despacho de las Comisiones de Acción Social y Salud Pública, de Asuntos Constitucionales, de Asuntos Administrativos y municipales y de Comercio, aconsejando rechazar las modificaciones de Diputados,
Orden del Días 2/64
Consideración y aprobación del dictamen (p.112) 04/06/1964
Diputados
Despacho de las Comisiones de Acción Social y Salud Pública, de Comercio y de Asuntos Constitucionales con dos dictámenes,
Orden del Día 66
Consideración y aprobación del dictamen de la mayoría: insistencia en la sanción anterior del cuerpo, por 2/3 de los diputados presentes (p. 1818) 17/07/1964
Senado
Consideración e insistencia en su sanción anterior por 2/3 de los senadores presentes; Sanción (p. 581) 23-07-1964
Este proyecto de ley había sido elaborado merced al estudio de dos comisiones. Una formada por médicos, bioquímicos, y especialistas en farmacología, era presidida por un profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Otra formada por contadores y economistas, se centró en el estudio de los costos de los medicamentos. La comisión integrada por especialistas en ciencias de la salud, trabajó sobre una muestra de más de veinte mil medicamentos: descubrió que muchos de ellos, una parte relevante carecía de las drogas e ingredientes que decían contener, o bien no las tenían en las proporciones explicitadas en sus prospectos.
La comisión de contadores pudo constatar que los grandes laboratorios poseían un doble juego de libros de contabilidad que les facilitaba exagerar los costos para maximizar sus ganancias. A tenor de estas circunstancias, la ley 16.462 impulsada por el ministro de salud Dr. Arturo Oñativia, (9) que congeló el precio de los remedios, definía a éstos como “bienes sociales”. Al concebir al medicamento como bien de mercado, es imposible no pensar en el derecho a la propiedad intelectual-patente farmacéutica, aquella que protege al descubridor-inventor-creador de algo; pero ese algo en este caso es en realidad aquel bien social que defendía el Dr. Oñativia, y al definirlo como social, esta propiedad intelectual indefectiblemente se opone al derecho a la salud: si la emergencia supera a la demanda de medicamentos, esa patente farmacéutica ya no tiene razón de ser. Existen acuerdos internacionales que avalan esta postura, pero si la mano del gobierno no los gatilla por sumisión o cooperación con las naciones opresoras…
Ante el clamor de los laboratorios la mayor parte europeos, sobre todo suizos quienes sostuvieron que sólo ellos poseían expertos con la pericia necesaria para realizar esos estudios, el gobierno les dio seis meses para presentar una declaración jurada relativa al costo y la calidad de los medicamentos, al tiempo que mantuvo la congelación de los precios. Ninguno de ellos presentó la declaración jurada.
La ira de los grandes laboratorios no tardó en hacerse sentir, y al inicial desagrado norteamericano por el tema petrolero se sumó el enojo de Suiza, que al año siguiente puso obstáculos al refinanciamiento de la deuda externa argentina desde el Club de París. (10)
La suerte del gobierno radical quedó sellada mucho antes del levantamiento militar del 26 de junio de 1966. El 29 de mayo, el general Pistarini, en una ceremonia oficial a la que asistía el presidente, pronunció un discurso desafiante en el cual expresó los temas dominantes de la propaganda antigubernamental. En contra de las expectativas de los conspiradores, que esperaban un acta de autoridad presidencial que les diera motivo para declarar su rebelión, Illía no hizo nada.
FUENTES
1 Terán, Oscar, Nuestros años sesenta. Buenos Aires. El Cielo por Asalto, 1993.
2 Gerchunoff, Pablo; Llach, Lucas. El ciclo de la ilusión y el desencanto. Buenos Aires. Ariel Sociedad Económica, 1998.
3 Brennan, James, El Cordobazo. Las guerras obreras en Córdoba, 1955-1973. Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1996, pp. 113-117.
4 Grondona Mariano, Balance Institucional, Primera Plana. Buenos Aires, 16-06-1965, p.
5. También se alinearon en esta posición Jacobo Timmermann, Francisco Manrique, Bernardo Neustard, entre otros.
5 Grondona Mariano, El país que espera, Primera Plana.. Buenos Aires, 31-05-1966, p. 6.
6 Las plataformas electorales fueron reproducidas de modo sintético por la revista Panorama N° 2, julio de 1963, pp. 24-25.
7 Diálogo de Illia con la juventud Radical. Véase, Silvio Escudero (comp), Arturo Illia, pensamiento y acción, Córdoba, Justo Páez Molina, 1983, p. 60.
8 En el acto de cierre de campaña del 5 de julio de 1963, realizado en el Luma Park de Buenos Aires, Ricardo Balbín sostuvo textualmente: “No es verdad que la Unión Cívica Radical del Pueblo cierre el acceso al extranjero. ¡Eso sí, los que llegaron disfrazados en un momento de debilidad de los gobernantes, los que pensaron que la patria estaba en venta, éstos se tendrán que ir! La Unión Cívica Radical del Pueblo (…) liberará al país de una forastería absurda con la fórmula Illia-Perette”. Ricardo Balbín, Discursos parlamentarios y políticos. Buenos Aires, 1982, p. 31.
9 En 1963, durante el gobierno del doctor Arturo Illia, fue convocado para ejercer el cargo de Ministro de Salud Pública. El ex senador Adolfo Gas, señaló en un discurso de homenaje, realizado en esa Cámara en 1985 para recordar al doctor Oñativia que para éste, “la salud era uno de los hechos primordiales en todos los actos de gobierno”.
Desde ese cargo, Oñativia complementó su tarea de erradicar el cretinismo bocioso a través de la promulgación de la ley 17259 de “Obligatoriedad del uso de la sal enriquecida con yodo como profilaxis del bocio endémico”. Con esta ley, se reglamentó el enriquecimiento de la sal con yodo para uso alimentario humano y animal. Esta ley se fundamentó en estudios realizados en diferentes provincias, como Catamarca, Chaco, Formosa, Jujuy, La Pampa, La Rioja, Mendoza, Misiones, Neuquén, San Juan, San Luis, Salta, Tucumán y Tierra del Fuego, en las que el índice de bocio oscilaba entre el 12 y el 50 por ciento. También se consideró el uso de sal enriquecida para la alimentación animal, ya que al tener la carne un muy alto consumo en nuestro país, era bueno que la sal enriquecida llegara al ser humano a través de esa vía. Además, se detectó que en el ganado lanar, vacuno y porcino, la carencia de yodo alteraba su reproducción y su pelaje, acarreando consecuencias adversas incluso desde el punto de vista económico.
Oñativia impulsó toda una serie de iniciativas fundamentales como la ley de Reforma del Sistema Hospitalario Nacional y de Hospitales de la Comunidad, amén de la creación del Servicio Nacional de Agua Potable, que garantizaba la provisión de la misma a las comunidades rurales.
Asimismo, fue de importancia estratégica la ley de Medicamentos -la 16.462 y 16.463-conocida como ley Oñativia que le daba al medicamento un carácter de “bien Social” al servicio de la Salud Pública y de la Sociedad. Esta ley, promulgada en 1966, reglamentaba un estricto control técnico de las drogas sujetas a la experimentación humana, además del control de precios, según la demanda de las mismas.
Ahora bien, si se tiene en cuenta que los medicamentos insumen el 50 por ciento del costo total de Salud de la población, y que el 95 por ciento de ese costo está determinado por el valor de insumos, drogas y tecnología de la industria internacional de los medicamentos, entonces se comprende de qué manera esta ley tocó intereses económicos de espectacular magnitud. Algunos historiadores consideran que esta ley fue uno de los ingredientes que llevó al golpe de Estado de 1966. Esta fisura en el orden Institucional hizo que la visión de Oñativia de “poner los medicamentos al servicio de la Sociedad”, quedara truncada, ya que esa ley fue derogada inmediatamente tras la caída del gobierno de Illia.
10 Las explicaciones de Illia, en Escudero, op. cit., pp. 66-70.
(*) Lic. en Historia (UNLU). Docente del ISAJ. Conferencista. Investigador.

Walter Kugler, ministro de agricultura y ganadería, Luis Caeiro, secretario de prensa de la presidencia, Wulf de la fuente, edecán marino del presidente Onganía, Miguel A. Zavala Ortiz, ministro de relaciones exteriores, Leandro Illia, hijo del presidente, Ricardo Illia, hermano y secretario privado, Carlos Alconada Aramburú, ministro de educación y justicia



El doctor Illia había atendido a los de la Sociedad Rural a pesar de todo, pero pidió a Zabala Ortiz que atendiera él al embajador de Colombia. Por eso era que el ministro de Relaciones Exteriores se dirigía a la sala de audiencias. Después de todo estaba dentro del reglamente: vestía traje oscuro.
-Cuando volvieron Varela y Alvarez y me dijeron que no había nada que hacer, terminaron por confirmar que aquello era un golpe de estado liso y llano. Quise hablar por radio y televisión, pero no pude, ya estaban tomadas las líneas de la Central Cuyo. Nos reunimos otra vez con los ministros y les pregunté qué opinaban de aquello y si veían alguna solución. Acepté una sugerencia y quise trasladar todo el gobierno a otra provincia para luchar desde allí. Llamé a Córdoba, a Entre Ríos, a Santa Fe. Pero no había nada que hacer: la revolución era en todo el país. Ya eran las ocho y media de la noche. Estuvimos una hora y media más en reunión y a las diez llamé al coronel de Elia, que era jefe del regimiento de Granaderos para pedirle que venga con tropas a la Casa de Gobierno. De Elía me contestó que era imposible porque ya estaba cercada totalmente la manzana de la Casa de Gobierno y no podría pasar. Cuando a las doce de la noche firmé un decreto destituyendo a Pistarini ya no me quedaban esperanzas de que las cosas cambiaran. Fue sólo una fórmula, casi…
-El presidente del Banco Central y el secretario de Energía y Combustible, Elizalde y Estorani, se reunieron en la salita que quedaba junto al gran salón donde estaban dando la conferencia de prensa. Les habían avisado por teléfono lo que estaba sucediendo y comentaban los hechos resolviendo qué debían hacer. Al fin decidieron abandonar la conferencia de prensa que había comenzado cuarenta minutos después de lo previsto y se dirigieron a la Casa de Gobierno. Allí estuvieron junto a los demás, hasta que el presidente les encargó la tarea de ir a buscar al vicepresidente, Perette. Por eso fueron hasta el Hotel Savoy, donde aquél se hospedaba. Por eso volvían ahora a la Casa de Gobierno en el coche de Elizalde mientras escuchaban a Perette repetir continuamente: “¡Qué barbaridad, qué barbaridad”!. Por eso todo lo que pudieron comer después del almuerzo de ese día fue un sandwich frío a las diez y media de la noche en el despacho de Caeiro, el secretario de Prensa.
- A partir de la medianoche lo único que hice fue esperar que llegara esta gente a buscarme. Le pedí a Perette, que había venido con Elizalde y Estorani, que trate de conseguir algún contacto. No quiso irse de mi lado, y casi llegué a rogarle que vaya.
- Logratto, el ordenanza, había terminado su turno a las siete de la tarde y llegó a su casa con bastante dificultad. Le dijo a su señora que algo estaba pasando en el gobierno, porque vio a muchos militares entrar y salir durante el día. Su señora le contestó que era lo de siempre, que al final nunca pasa nada, que siempre se arreglan entre ellos y asunto terminado. Se llama Silvia. Después le preguntó qué quería comer para la cena.
-Creí que vendrían en seguida pero recién apareció el general Alsogaray a las cuatro de la mañana. Venía de uniforme, pero no llevaba armas de ningún tipo. Yo estaba rodeado de gente amiga, y justo cuando iba a firmar una foto a pedido del secretario de Caeiro, de apellido López, entraron sin pedir permiso, y Alsogaray me dijo de dejar lo que estaba haciendo. Terminé de firmar y le pregunté quién era. Me dijo: “Soy el general Julio Alsogaray y vengo a cumplir órdenes del comandante en jefe”. Le contesté que el comandante en jefe de todas las fuerzas era yo por ser presidente de la República, pero él pareció no escucharme; dijo que en representación de las Fuerzas Armadas me pedía que abandone ese despacho y me garantizaba una custodia de granaderos. Al lado de Alsogaray había un señor de civil que yo no conocía y se metía a hablar a cada momento. Al final le pregunté quién era, y me dijo que era el coronel Perlinger. Alsogaray seguía insistiendo en que abandonara el despacho, y la gente que me rodeaba se estaba poniendo nerviosa y gritaban cosas que yo no alcanzaba a entender. Le dije a Alsogaray una vez más que no iba a irme. Me contestó que yo estaba llevando las cosas a un terreno que no correspondía. Fue entonces cuando mi hijo menor, Leandro, quiso agredirlo. Pero lo detuvieron entre todos. Yo le recriminé lo que hizo, más tarde. Alsogaray se dio media vuelta y se fue. Con él se fueron los que lo acompañaban.
-No sabía muy bien por qué, pero Caeiro sintió que de alguna manera cumplí con su deber cuando redactó su último comunicado de prensa contando la entrevista de Illia con el general Alsogaray. Eran las cinco de la mañana del martes 28 de junio. Elizalde y Estorani se asomaron a la ventana de la Secretaría de Prensa y pudieron ver mucha gente reunida en grupitos y varios carros de asalto de la Policía. Casi no había soldados. El doctor Zavala Ortiz seguía junto a Illia. Mucha gente entraba y salía. Todavía no había aclarado. En esa época del año suele aclarar muy tarde. “Ese que está allá abajo, ¿no es Mancera, el de la tele?”. El soldado se levantó un poco el casco y achicó los ojos para distinguir el hombre que señalaba su compañero. Estaban en el techo de la Casa de Gobierno y tenían las solapas del capote levantadas porque hacía frío. “Sí, che, es Mancera…”
-Perlinger apareció otra vez a las seis de la mañana y volvió a pedirme que me fuera. Alsogaray no venía con él esta vez. Le dije que no me iría, y entonces hizo entrar a una docena de policías con casco y lanzagases. Me dijo que yo podía irme con todas las garantías, pero nadie se haría responsable de lo que sucediera a los que me estaban acompañando. “Andate”, le dije a Palmero, mi ministro del Interior. A él y a Rabanal eran a los únicos que yo tuteaba de mi gobierno; nos conocíamos desde hacía mucho tiempo. “No. Me quedo”, dijo él, y los demás también, y empezaron a gritar. Los policías se pusieron en línea con los fusiles lanzagases en las manos. A todo esto se habían hecho ya las siete y cuarto más o menos. Yo pensé que no era bueno exponer a todos los demás. Cuando esos dos oficiales de policía vinieron hacia mí, por orden de Perlinger, les dije que no era necesario; me levanté y comencé a caminar hacia la puerta… Había un griterío bárbaro. No sé que decían…
-Zavala Ortiz salió de la Casa de Gobierno y unos amigos lo llevaron en coche hasta su departamento de Callao al 2400. Lydia, su esposa lo estaba esperando levantada. Eran las ocho de la mañana. Zavala Ortiz dio un beso en la mejilla a su mujer y no dijo nada. Se preparó un té con leche, que bebió sin hablar ni una palabra, y después se fue a dormir.
-A los policías que entraron en mi despacho les dije antes de salir que lamentaba mucho que obedecieran sin saber a quién lo hacían, me daban lástima. Cuando pude llegar a la puerta de salida de la Casa de Gobierno rodeado por un montón de gente que seguía gritando, vi a un muchacho que reconocí como el vendedor de diarios de Plaza Mayo, con el que yo solía charlar de vez en cuando. Estaba subido a una columna y me decía algo con los ojos llenos de lágrimas. Estaba gritando, pero yo no podía entender lo que decía en medio de esa gritería. Quisiera ahora volver a verlo. Me ofrecieron un choche de la presidencia, pero lo rechacé. Yo quería un coche de alquiler. Pero un minuto después me dí cuenta de que sería algo tonto ponerme a esperar un choche de alquiler ahí, delante de todos. En eso vi que se acercaba entre la gente el que había sido mi ministro de Educación, Alconada Aramburú, y me decía que vaya con él. Yo lo seguí y nos metimos en el coche de él. Adentro íbamos siete personas. Me acuerdo que mi hermano Ricardo iba sentado en las rodillas del subsecretario Vesco… Así llegamos hasta Martinez, hasta la casa de Ricardo…
-“Ya debe haber terminado todo, ¿no?” Mas que una pregunta era un ferviente deseo del soldado Luciano Rizzo desde el techo de la Casa de Gobierno. El otro, Rubén Grispe, a su lado, apartó la metralleta que los separaba y le contestó con otra pregunta: “¿Tenés miedo al final?” “No, qué miedo ni miedo. Estoy cansado. ¿Qué habrá pasado allá abajo?”. Luciano sacó un cigarrillo y lo encendió debajo del capote para que el sargento no lo viera. Aunque el sargento estaba abajo, tratando de averiguar lo que ellos se preguntaban. Rubén le pidió una pitada antes de decir: “Mi viejo dice que en este país lo que se necesita es tener los pantalones bien puestos y además hacer cosas. Yo me estaba amargando, nunca pasaba nada…” El del cigarrillo era uno de esos que no pueden dejar al otro con la última palabra. Por eso quizás agregó:”El que tiene razón es mi viejo. Dice que en todas las cosas que pasan hay una razón, que todo tiene sus etapas y nosotros estamos para superarlas. Tiene razón, después de todo, la historia no se va a escribir sola, ¿no?”

LOS AÑOS PASAN LOS GRANDES MEDIOS GOLPISTAS NO CAMBIAN
El 28 de junio de 1966, tuvo lugar en la República Argentina un golpe de Estado, cuyo único fin, fue derrocar al gobierno democrático del Presidente Arturo Illía. La asonada, contó también con el apoyo inescrupuloso de la derecha golpista, sectores oscurantistas del clero, y los grupos económicos vinculados a los intereses extranjeros, entre ellos, los laboratorios farmacéuticos y las empresas petroleras norteamericanas.
Cabe recordar que ambos monopolios, habían perdido sus privilegios de explotación y la consecuente comercialización indiscriminada de sus productos en la Argentina. Pero esto solo fue posible a partir de la implementación de políticas soberanas, desde el verdadero ejercicio del mandato que le delegó el pueblo al presidente constitucional Arturo Illía, quien como afirmara en la campaña electoral, al llegar al gobierno, puso un freno al proceso de expoliación de la economía nacional.
El año anterior “AL GOLPE” Arturo ILLIA había convocado a elecciones legislativas eliminando las restricciones que pesaban sobre el peronismo, quien presentó sus propias listas de candidatos y triunfó ampliamente en las elecciones con 3.278.434 votos contra 2.734.970 de la Unión Cívica Radical del Pueblo. El triunfo del peronismo agitó la situación interna de las Fuerzas Armadas. El descontento militar se combinó con una fuerte campaña de desprestigio, impulsada por sectores conservadores que criticaban duramente ciertas políticas del gobierno radical, como la Ley de Medicamentos (Ley Oñativia), la política petrolera y cierta autonomía respecto a la posición de los Estados Unidos en política internacional
Mariano Grondona “EL GOLPISTA”
Esta nota es del 30 DE JUNIO DE 1966
Autor: Mariano Grondona, en Revista Primera Plana, 30 de junio de 1966.

Por la Nación
En las jornadas de septiembre de 1962 surgió algo más que un programa, una situación militar o una intención política: surgió un caudillo. Fenómeno es éste de tanta importancia, que no se repite en la misma generación. A partir de entonces, el problema del país fue uno solo: cómo homologar el mando profundo, la autoridad secreta y sutil del nuevo protagonista. Se intentó primero la vía electoral. Pero cuando quedó bloqueada, el proceso político siguió una vida ficticia y sin sentido: exactamente como la legalidad que se edificó sobre su derrumbe. Al jurar la presidencia en octubre de 1963, Arturo Illia no comprendió el hondo fenómeno que acompañaba a su encumbramiento: que las Fuerzas Armadas, dándole el Gobierno, retenían el poder. El poder seguía allí, en torno de un hombre solitario y silencioso. Ese era un hecho que estaba más allá de las formas institucionales y de las ideas de los doctrinarios: un hecho mudo e irracional, inexplicable y milagroso. Siempre ha ocurrido así: con el poder de Urquiza o de Roca, de Justo o de Perón. Alguien, por alguna razón que escapa a los observadores, queda a cargo del destino nacional. Y hasta que el sistema político no se reconcilia con esa primacía, no encuentra sosiego. La Nación y el caudillo se buscan entre mil crisis, hasta que, para bien o para mal, celebran su misterioso matrimonio. En el camino quedan los que no comprendieron: los Derqui y los Juárez Celman, los Castillo y los Illia.
No queremos comparar aquí a Juan Carlos Onganía con nuestros caudillos de ayer: sea cual fuere el juicio que ellos nos merezcan, su destino está cristalizado, es inmutable. Onganía, en cambio, es pura esperanza, arco inconcluso y abierto a la gloria o a la derrota. Queremos, en cambio, comparar su situación con la de sus antecesores. Y esa situación es idéntica y definida: el advenimiento del caudillo es la apertura de una nueva etapa, la apuesta vital de una nación en dirección de su horizonte.
El gran error radical fue, entonces, producto de su óptica partidaria. Illia no comprendió que su misión era, en definitiva, viabilizar el encuentro del caudillo con la Nación. Lo pudo hacer si hubiera puesto el ideal de la Nación por encima del ideal del partido. Pero el radicalismo identificó su propia suerte con la del país. Illia, dueño del Gobierno, se creyó poseedor, también, del poder. Y de este equívoco fundamental surgió todo lo demás. Comenzó la anécdota. La polaridad y las pequeñas ofensivas ante militares. El retiro del Comandante en Jefe. Y, con él, la pérdida de la “pax” militar de septiembre y, paradójicamente, la puesta en evidencia de la necesidad de autoridad. El absurdo de un gobierno sin poder quedó, por así decirlo, manifiesto y demostrado. Y, con la revolución, todo volvió a su quicio. Es que hoy muere un caudillo y nace su sucesor.
Estas son las cosas profundas, que están más allá de las formas legales o retóricas. La Argentina se encuentra consigo misma a través del principio de autoridad. El Gobierno y el poder se reconcilian, y la Nación, recobra su destino.
Quiere decir, entonces, que los tres poderes de Alberdi -el civil, el militar y el bonaerense- están de nuevo reunidos en una sola mano. A partir de aquí, se puede errar o acertar. Pero lo que importa señalar en esta hora, en que la revolución es pura conjetura y posibilidad, es que hay una mano, una plena autoridad. Sin ella, con el poder global quebrado y sin dueño, no había ninguna posibilidad de progreso; porque la comunidad sin mando es la algarabía de millones de voluntades divergentes. Con ella, en cambio, hay otra vez Nación. Para ganar el futuro o para perderlo. Pero, al menos, para dar la batalla.
Las naciones se miden por su impaciencia. Francia, así, demostró su magnitud cuando no resistió la navegación a la deriva de la Cuarta República. España, cuando rechazó el desquicio de las postrimerías de su propia República. Inglaterra, cuando no soportó la idea de una Europa alemana. La Argentina, en estos años cruciales, tenía que poner a prueba su vocación de grandeza. El mantenimiento de la situación establecida tenía sus ventajas: la vida apacible, las garantías institucionales, un cierto bienestar. Era la agonía a muy largo plazo: la vida para nosotros, la muerte para nuestros hijos. La Argentina tenía una tremenda capacidad para optar por la mediocridad: alimentos, buen nivel de vida en comparación con otros pueblos, facilidad de los recursos naturales. Todo la llevaba, aparentemente, a la holganza y a la lenta declinación. Era la tentación de una Argentina victoriana, que, usufructuaría de la grandeza del fin de siglo, se preparaba para bien morir, huérfana del desafío, del reto histórico que a otras naciones lanzan la guerra o la geografía. La Argentina tenía, en su lentísima desaparición, un solo elemento de reacción: su propio orgullo.
La etapa que se cierra era segura y sin riesgos: la vida tranquila y declinante de una Nación en retiro. La etapa que comienza está abierta al peligro y a la esperanza: es la vida de una gran Nación cuya vacación termina.
“[…] El ejército tiene que tomar partido
entre lo que ocurre en el país. Porque es
parte esencial e imprescindible de nuestra
historia.”(Mariano Grondona, Primera Plana,
7/6/1966”)
“[…] actualmente se utilizan los términos
‘dictadura y […] dictador como sinónimos de
tiranía y de tiranos. Es un grave error de
perspectiva histórica.”(Mariano Grondona,
Primera Plana, 35/5/1966”)
“El ejército ha cometido en forma quizá casual
una operación de desdoblamiento: hoy las
reservas del país son dos, una es el ejército,
y otra es Onganía. Una es institucional, otra
personal, como en la época de Aramburu.”(Mariano
Grondona, Primera Plana, 4/1/1966”)
Clase media alta por florida, aún no estaban de modas las cacerolas PEEEROOO



LOS MEDIOS
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GOLPISTAS
MARIANO GRONDONA Y SUS ACÓLITOS CONTINÚAN GOLPEANDO LOS CUARTELES
El golpe de estado contra Illia
“… – ¿Quién es usted?, Yo no lo conozco – pregunta Illia.
El general Julio Alsogaray, hemano del economista Alvaro Alsogaray fue uno de los propulsores del golpe de estado.El golpe fue bien recibido en los sectores y financieros liberales
- Soy el general Julio Alzogaray.
- Bueno espérese que estoy atendiendo a un ciudadano.
El Presidente firmaba un autógrafo.
- Respéteme – se indigna Alzogaray.
Illia rubrica la foto y se la entrega al secretario que la había solicitado. Observa al general y dice.
- Este muchacho es mucho más que usted. Es un ciudadano digno y noble.- hace una pausa, sus ojos se posan un instante en Emma, su hija; Illia conoce el temperamento de ella y sabe que su reacción podría desencadenar acontecimientos trágicos. Y en un segundo se pregunta si los futuros acontecimientos no serían aún más trágicos para la Republica. Le aspetá al general. – ¿Que es lo que quiere?
- Vengo a cumplir órdenes del comandante en jefe.
- El comandante en jefe soy yo.- toma del escritorio un ejemplar de la Constitución Nacional. Y señalando con ella las alturas del techo del salón sentencia.- Mi autoridad emana de esta Constitución que nosotros hemos cumplido y usted ha jurado cumplir. A lo sumo, usted es un insurrecto que engaña a sus soldados y se aprovecha de la juventud que no quiere ni siente esto; esa juventud de mi Patria que se verá privada por este acto de un ambiente de paz, tranquilidad y progreso.
Ese anciano ridiculizado por algunos medios de comunicación faccistoires daba cátedra de civilidad ante el intento de desalojo por la fuerza de un grupo de militares, las empresas farmacéuticas y petroleras y los civiles cipayos de estas.
Alzogaray, no tenía argumentos para contraponerlos a los de Illia. Así que opto por dar el mensaje encomendado.
- En representación de las Fuerzas Armadas le pido que abandone el despacho.
- Usted no representa a las Fuerzas Armadas, solo representa a un grupo de insurrectos. Usted y quienes lo acompañan actúan como “salteadores nocturnos, que como los bandidos aparecen de madrugada para tomar la Casa de Gobierno.”
- Señor Presi…- Alzogaray se reconoce anonadado por la personalidad del Presidente Arturo Humberto Illia, sabe que no puede llamar Presidente a quien viene a derrocar. Se rectifica.- Doctor Illia, lo invito otra vez a que haga abandono de la casa para evitar violencias.
- ¿De que violencia me habla? La violencia la acaban de desatar ustedes en la República; yo he predicado en todo el país la concordia entre los argentinos, he asegurado la libertad y ustedes no han querido hacerse eco de mi prédica. El país les recriminará siempre esta usurpación. Con este proceder quitan a la juventud y al futuro de la república la paz, la legalidad, y el bienestar.
- Le garantizamos su traslado a la Residencia de Olivos- agrega vacilante Alzogaray.
- Mi bienestar personal no me interesa. Me quedo trabajando en el lugar que me indica la ley y mi deber. – con un gesto señalando la puerta del despacho y elevando la voz.- ¡Cómo Comandante en Jefe del Ejército le ordeno que se retire!
- Recibo órdenes del Comandante en Jefe del Ejercito.- Alsogaray intenta una dignidad que no es tal puesto que de a poco se aproxima a la puerta.
- ¡Ustedes obedecen órdenes para traer horas aciagas a la República! ¡Ustedes son insurrectos! ¡Retírese!
- ¡Traidor hijo de puta, tu estirpe quedará maldita!
La voz de Emma Illia retumba en el despacho. Alzogaray sale del despacho humillado.
No se pudo detener el golpe, hasta los propios dirigentes de la UCR miraron a otro lado. El Presidente salia caminando de la Casa de Gobierno y se tomaba un taxi para ir a su casa.
POLITICAS DEL GOBIERNO DE ILLIA Y TRES NOTAS DE PAGINA 12 Ya el 12 de febrero de 1964, bajo la presidencia de Arturo Umberto Illia, se promulga la Ley nacional 16 454 “Ley nacional de abastecimiento”, reglamentada por el decreto 987/64.Dicha ley declara como objeto “promover el normal abastecimiento y distribución en condiciones de calidad y precio razonable, de todos los bienes y servicios económicos que afectan las condiciones de vida de la población, para la defensa del consumo y crecimiento efectivo de la producción”.
En 1966 el Gobierno e Arturo Illia intento promulgar una ley parecida a esta:
Unanimidad en el Congreso para cortar por lo sano
La norma cambia el concepto de los remedios como negocio. Y fomenta los laboratorios públicos de medicamentos.

Por Pedro Lipcovich
El Senado de la Nación aprobó por unanimidad la Ley de Producción Pública de Medicamentos. La normativa –que también había tenido aprobación unánime en Diputados– declara “de interés nacional la producción pública de medicamentos, vacunas y productos médicos”, que deben ser entendidos como “bienes sociales”. La ley impulsa la articulación de los laboratorios públicos con las universidades y pide “otorgar preferencias” a los laboratorios públicos en las compras del Estado nacional, de las provincias y de la Ciudad Autónoma. Representantes de la Red Nacional de Laboratorios Públicos –organizada a partir de la crisis de 2001– se alborozaron ante la sanción, que juzgan “un hecho histórico”. Luego de la promulgación por el Poder Ejecutivo –que se descuenta y tiene un plazo de diez días–, vendrá su reglamentación, a cargo del Ministerio de Salud. Integrantes de la Red apuestan a que la reglamentación propicie, entre otras, dos líneas de desarrollo: una es que el Plan Remediar –proveedor de medicamentos esenciales a todos los centros de atención primaria del país– se reformule para basarse en productos de laboratorios públicos; otra es que, mediante la articulación con las universidades públicas, se genere investigación aun para las drogas más novedosas (y costosas).
El nuevo texto legal procura “promover la accesibilidad de medicamentos, vacunas y productos médicos y propiciar el desarrollo científico y tecnológico a través de laboratorios de producción pública”; esto incluye a “los del Estado nacional, provincial, municipal y de la Ciudad Autómoma de Buenos Aires, de las Fuerzas Armadas y de las instituciones universitarias de gestión estatal”.
La ley pide “establecer como marco de referencia la propuesta de medicamentos esenciales de la Organización Mundial de la Salud”, definiendo “prioridades” en función de “los perfiles epidemiológicos de las regiones de nuestro país”; y “promover la provisión de medicamentos, vacunas y productos médicos que demande el primer nivel de atención”. Requiere “promover la investigación y producción de medicamentos huérfanos” (que las compañías farmacéuticas no abordan por ser poco rentables) y “promover la articulación con instituciones académicas y científicas y organizaciones de trabajadores y usuarios”.
“¡Se aprobó justo a las seis y cuarto de la tarde!”: la hora exacta está ya para siempre en la memoria de Martín Isturiz, coordinador del Grupo de Gestión de Políticas de Estado en Ciencia y Tecnología, que desde hace años lucha por la producción pública de medicamentos. Claudio Capuano –coordinador de la Cátedra de Salud y Derechos Humanos de la UBA y uno de los referentes de la Red Nacional de Laboratorios Públicos– afirmó que “esta ley es un hecho histórico: esperamos que, a partir de la reglamentación, se genere una política de Estado. La investigación, desarrollo y producción de medicamentos debe pertenecer a todos, no sólo a empresas”.
Isturiz advirtió que “la reglamentación es muy importante. Una reglamentación inadecuada puede esterilizar una buena ley, en tanto limite sus objetivos. En ésta, la idea central apunta a los medicamentos básicos en la atención primaria. Sobre este eje se articula la investigación, mediante convenios con universidades y con organismos de ciencia y técnica”.
“Prácticamente todo el Plan Remediar puede cubrirse con medicamentos de producción pública”, sostuvo Isturiz. El Remediar provee fármacos a todas las salas de atención primaria del país, por un valor de unos 200 millones de dólares al año; se financia con ayuda del BID, y los productos se adquieren por licitación pública internacional. “Pero el Gobierno puede llegar a adquirir directamente los productos a los laboratorios públicos –afirmó Isturiz–. Incluso se podría abastecer a hospitales públicos. Todo esto ya se hace en la provincia de Santa Fe, donde la producción pública de medicamentos es política de Estado a través de gobiernos de distinto signo político.”
Desde Santa Fe, Guillermo Cleti –miembro del directorio del Laboratorio Industrial Farmacéutico (LIF)– destacó que “la ley permite que la producción pública de medicamentos quede firme, más allá de los funcionarios de turno, y señaló que “la ley plantea la interacción de la producción pública con las universidades. En nuestro caso, tenemos convenios con las universidades de Rosario y del Litoral, para el desarrollo de nuevas fórmulas, con buenos resultados. Si alguien investigó en salud a lo largo de la historia argentina, fueron las universidades”.
Desde el Ministerio de Salud de la Nación, Jaime Lazovski –subsecretario de Relaciones Sanitarias e Investigación– sostuvo que la nueva normativa “es una ley general que estimula el apoyo del Ministerio a la producción pública de medicamentos, con la misma modalidad del programa que ya viene funcionando”. En cuanto a la posibilidad de que el Remediar pueda cubrirse con fármacos de producción pública, Lazovski destacó que “el Plan viene financiado por organismos internacionales, lo cual incluye el requisito de que se efectúen licitaciones internacionales donde todos los oferentes, públicos o privados, se presenten en igualdad de condiciones. Las licitaciones se efectúan una vez por año y para todo el país, por lo cual se adquieren volúmenes muy grandes de medicamentos”. En todo caso, “cuando un renglón queda desierto, entonces sí, el Ministerio siempre da prioridad a los laboratorios públicos”.
Lazovski precisó que, de los laboratorios públicos de la Red, “sólo cinco o seis ya tienen la habilitación de la Anmat”, que les permite entregar medicamentos por fuera de su propia provincia. Esta habilitación es necesaria para que, como se propone la Red de Laboratorios, algunos de éstos puedan especializarse en determinados productos, para optimizar costos y rendimientos. “Asesoramos permanentemente a los laboratorios y los acompañamos para cumplir los estándares”, contó el funcionario.
Precisamente ayer, Lazovski y Cleti participaron en una reunión de capacitación de los laboratorios de Santa Fe –LYF y LEM–, Córdoba –Hemoderivados, de la Universidad– y San Luis –Laboratorios Puntanos–. Cleti comentó que “bosquejamos un borrador para armar, los cuatro laboratorios, una red regional: esto va a respaldar la nueva ley, la va a hacer caminar, va a impedir que, como tantas otras, quede en un cajón. Los productores públicos tenemos que hacernos responsables de que esta ley no pase al olvido”.
llia, Alfonsín, CFK
Con reverberaciones marxianas, el debate propuesto por 17 intelectuales identifica con la aventura militar de 1982 la posición del actual gobierno. Por el contrario, CFK sigue la línea firme pero pacífica de los ex presidentes Illia y Alfonsín. Llamarlos gurkhas o traidores no rebate sus endebles argumentos, como el reclamo de una autocrítica que no ejercen. El Proyecto X no contiene Inteligencia sobre las protestas sociales, cuya criminalización es un estigma político, no legal.

Por Horacio Verbitsky
La catástrofe ferroviaria postergó el anuncio sobre la construcción de un museo histórico dedicado a las Malvinas, allí donde hoy están los dormitorios en desuso de los marinos que prestaron servicios en su Escuela de Mecánica. Cuando se conoció ese propósito, por una visita oficial al predio, organismos defensores de los Derechos Humanos comunicaron su inquietud.
CFK la disipó al regreso de su operación: ordenó publicar el aún secreto Informe Rattenbach, que es la cuña más aguda que alguna vez se clavó en el palo militar; proclamó la precedencia de la soberanía popular sobre cualquier reivindicación territorial; renegó de todo intento bélico sobre las islas; denunció la militarización y nuclearización del Atlántico Sur y encuadró el reclamo dentro de la defensa de los recursos naturales de Sudamérica, amenazados por el pillaje de las grandes potencias. Eso explica el respaldo regional que nunca antes había acompañado la posición argentina, para exigir que el gobierno británico cumpla con la resolución de las Naciones Unidas que ordenó a ambas partes negociar dentro del marco del proceso de descolonización. Fue conseguida por el presidente Arturo Illia, en 1965. En 1982, el único político notable que se opuso a la invasión fue otro dirigente de la UCR, Raúl Alfonsín. Esa posición mesurada y su promesa de enjuiciar a los conductores de la guerra sucia contra la sociedad argentina fueron las razones de su sorprendente victoria sobre su lúgubre adversario justicialista, el mismo Italo Lúder que les dio a las Fuerzas Armadas “licencia para matar”, según la precisa descripción del dictador Videla. Los hechos posteriores, que culminaron con la desdichada frase sobre los héroes de Malvinas y con la ley de obediencia debida, no borrarán el reconocimiento histórico que Alfonsín merece por aquellos deslindes fundamentales. Pero tampoco pueden ser omitidos del análisis, que recobra actualidad ahora, cuando Cristina retoma y profundiza el rumbo firme y pacífico señalado por Illia y Alfonsín.
La impronta marxiana
Cuesta comprender, entonces, la declaración de 17 intelectuales que identifican esta madura perspectiva con “la trágica aventura militar de 1982”. Varios firmantes provienen de distintas confesiones marxistas. Cuestionan como contrario a la paz “el intento de devolver las fronteras nacionales a una situación existente hace casi dos siglos –es decir: anterior a nuestra unidad nacional y cuando la Patagonia no estaba aún bajo dominio argentino–” y destacan las “inevitables consecuencias de largo plazo” que atribuyen a la guerra perdida en 1982. En esta legitimación pasiva del apoderamiento británico de las islas reverbera el Manifiesto Comunista de 1848 y su apología de la expansión colonial como transmisora de “la civilización hasta a las naciones más salvajes”. O la declarada alegría de Marx ese mismo año por “la conquista de México” por los Estados Unidos porque, como celebró Engels “la magnífica California” fue “arrancada a los perezosos mexicanos, que no sabían qué hacer con ella”. Podría seguir con las enmiendas tardías de Marx, perfeccionadas por Lenin al distinguir entre el nacionalismo opresor de las grandes potencias y el nacionalismo liberador de las sociedades más débiles sometidas por aquellas, fundamento del posterior tercermundismo. Pero sería superfluo para estos efectos, porque los buscadores de nuevas alternativas para las Malvinas se quedaron en 1848. En esas definiciones marxianas puede encontrarse también la génesis del tránsito de algunos de ellos hacia el liberalismo y su aversión hacia el actual gobierno, que parece su motivación más profunda. Es legítimo reclamar la “crítica pública del apoyo social que acompañó a la guerra de Malvinas y movilizó a casi todos los sectores de la sociedad argentina” y no es verosímil reducir ese fervor a una manipulación mediática, aunque es ostensible que ocurrió. Pero no hay razón para excluir de esa revisión a ellos mismos y a los partidos y las organizaciones en las que militaban. Salvo error u omisión, las corrientes leninistas, trotskystas y maoístas apoyaron la invasión con entusiasmo.
Prioridades nacionales
No veo tampoco que el gobierno plantee lo que ellos llaman “la causa-Malvinas” como “una cuestión de identidad” ni que la coloque “al tope de nuestras prioridades nacionales y de la agenda internacional del país”. Ocurre que están por cumplirse tres décadas de la guerra de 1982 y dieciocho de la ocupación inglesa de 1833 y esto coincide con grandes novedades en la escena mundial, como la profunda crisis europea y la emergencia de un nuevo poder regional, que tiene a la Argentina en su núcleo (Mercosur, Unasur y la CELAC) y que estrecha relaciones comerciales y políticas con otros polos de poder emergente. En el número enero-febrero de “Nueva Sociedad”, el economista y diplomático mexicano Jorge Eduardo Navarrete destaca que la contribución de los países emergentes al Producto Bruto global desde 1998 “es mayor que la de las economías avanzadas. En otras palabras, se modificó la brecha de producción entre los dos grandes segmentos de la economía mundial”. Mientras el Reino Unido “ha tenido un crecimiento aplanado a resultas de la austeridad”, entre el cuarto trimestre de 2007 y el primero de 2011 el crecimiento real del PIB argentino per cápita sólo fue superado por China y la India, y seguido por Brasil. Si se consideran los países integrantes del G-20, la Argentina, Brasil y México ocupan el 4º, 5º y 9º puesto en la tabla de solidez de la recuperación, luego de China, Turquía y la India. En cambio, Gran Bretaña está en el penúltimo escalón, después de Italia y antes de España.
La participación en tales agrupamientos, en cuya concreción Néstor Kirchner tuvo un papel más reconocido fuera que dentro del país, encabeza las prioridades y define la identidad nacional, no Malvinas. En cuanto a la “escasa relación” de las islas con “los grandes problemas políticos, sociales y económicos que nos aquejan”, me permito disentir. La militarización y nuclearización de la única zona de paz del mundo es una amenaza gravísima, sobre todo si se ejerce en apoyo de las exploraciones hidrocarburíferas en el mar y de la depredación de los recursos ictícolas. Ambas cuestiones están vinculadas con algunos de los problemas principales del país, como la restricción externa que amaga por la crisis global. En 2011 la Argentina exportó pescados y mariscos por 1.365 millones de dólares, más de lo que obtiene por la venta de carne vacuna. Y la balanza del comercio energético arrojó un saldo negativo de 4.500 millones de dólares, que explica la escalada de conflicto con Repsol-YPF.¿Qué lógica tendría controlar la remisión de utilidades y exigir inversiones a las multinacionales radicadas en el continente e ignorar que Gran Bretaña explota los tan necesarios recursos propios en el Atlántico Sur? La declaración recomienda al respecto “una gestión de los recursos naturales negociada entre argentinos e isleños”, olvidando que Gran Bretaña decide sin consultar a nadie y que los pasados intentos por congraciarse con los isleños sólo sirvieron para que el Reino Unido acelerara el usufructo inconsulto de esos recursos.
Intereses vs. deseos
Los firmantes ven un “clima de agitación nacionalista” y proponen como alternativa “una estrategia que concilie los intereses nacionales legítimos con el principio de autodeterminación”. Hubiera sido útil que explicaran qué intereses nacionales consideran legítimos y cómo conciliarlos con la autodeterminación de los habitantes de las islas. Sólo un tercio de esas 3.000 personas descienden de los ocupantes originarios, desde 1983 tienen la nacionalidad británica, y ningún argentino puede radicarse allí aunque lo desee. Esto ridiculiza aún más la pretensión autodeterminatoria. El resto fueron traídos de otras colonias inglesas, son trabajadores migrantes de Chile y Perú y funcionarios de la administración colonial. Como escribió un grupo de ex soldados conscriptos, los habitantes viven en una aldea controlada y no toman ninguna decisión de política exterior, forman parte de los territorios de ultramar de Gran Bretaña. “Conviven en una relación de un habitante por un miembro de las Fuerzas Armadas británicas, unos 3.000 soldados que están asentados en la fortaleza Malvinas en la base de Mount Pleasant, donde se violan tratados de la comunidad internacional como lo es el de Tlatelolco. Hoy Malvinas es un campo de entrenamiento de las últimas tecnologías militares”. No hay partidos políticos. La única radio y el único canal de televisión son militares y, según una fuente de la cancillería uruguaya, allí se preparan las tropas que inocularán la democracia al pueblo salvaje de Afganistán. El rompehielos “Protector”, que reemplazó al “Endurance” y llegó a las islas el mes pasado, es un barco científico, pero posee defensas que lo hacen invisible para el radar, lo cual lo asemeja a una nave de guerra. Los firmantes también consideran contradictoria la propuesta de “abrir una negociación bilateral que incluya el tema de la soberanía” con el anuncio de que “la soberanía argentina es innegociable”. Es sólo un juego de palabras: en todos los procesos de descolonización los países que negociaron su soberanía ofrecieron algo a cambio. Mandela renunció al enjuiciamiento de los crímenes del apartheid en Sudáfrica y China admitió que Hong Kong mantuviera su régimen de gobierno y su sistema financiero integrado al circuito occidental. La Constitución de 1994 declara el respeto por el modo de vida de los habitantes de las islas y en todos los foros internacionales la Argentina ha expuesto que toma en cuenta sus intereses. Pero Gran Bretaña pretende, y los firmantes de la declaración lo comparten, que se pongan en la balanza sus deseos, que es otra cosa. También proponen “ofrecer instancias de diálogo real con los británicos y –en especial– con los malvinenses”, que es lo que Londres querría como legitimación del escenario colonial. Agregan que ese diálogo debería ocurrir “con agenda abierta y ámbito regional”, como si no tomaran nota del apoyo de todos y cada uno de los países de la región a la soberanía argentina. Agenda abierta quiere decir, entonces, renuncia al derecho que nuestro país invoca y “abdicar de la intención de imponerles una soberanía, una ciudadanía y un gobierno”, como si las tres cosas fueran lo mismo.
Autodeterminación
vs integridad
De los tratados de derechos humanos incorporados a la Constitución en 1994, los declarantes deducen en forma correcta que “los habitantes de Malvinas deben ser reconocidos como sujeto de derecho”. Es discutible si se les aplica la Convención Americana, dado que Gran Bretaña no la firmó y nadie reconoce a los malvinenses otra representación política. En cualquier caso ese tratado prescribe el respeto por la vida, la libertad, la seguridad, la integridad de cada persona, que nadie les discute. El artículo 23 reconoce incluso los derechos políticos “de los ciudadanos” a elegir y ser elegidos para ocupar cargos públicos, pero la Corona designa al gobernador sin consultarlos. El derecho a la autodeterminación sí está contenido en el Pacto de Derechos Civiles y Políticos de Naciones Unidas. El sujeto de ese derecho no son los individuos sino los pueblos y, desde que la Asamblea General de las Naciones Unidas sancionó en diciembre de 1960 la Resolución 1514, está condicionado al derecho de integridad territorial de los Estados. En 1964, la Secretaría General incluyó a las Malvinas entre los territorios a descolonizar aplicando esos principios y en 1965 la Asamblea votó la resolución 2065 en la que reconoce que hay una disputa de soberanía entre ambos países, a los que insta a negociar una solución pacífica que tenga en cuenta “los intereses de la población”, pero no sus deseos. Es decir que el principio de integridad territorial prevalece sobre el de autodeterminación de un agrupamiento humano injertado allí por un acto de fuerza. Comparar esto con el proceso inmigratorio de nuestra “sociedad plural y diversa” es extravagante. ¿Por qué Gran Bretaña no reconoce, y los firmantes no se lo reclaman, el derecho humano a migrar, universal, imprescriptible e indivisible, que la Argentina consagró en la ejemplar ley 25.871/04, y después de unos años sin restringir la radicación de argentinos convoca a un plebiscito autodeterminatorio?
Mi desacuerdo con este documento no implica desconocer la legitimidad del debate que propone y de su oposición a sacralizar posiciones. No discutiría tampoco que “los principales problemas nacionales y nuestras peores tragedias no han sido causados por la pérdida de territorios ni la escasez de recursos naturales”. Llamar a los firmantes gurkhas, cipayos, colonizados, quinta columna o traidores no es la mejor manera de rebatir sus endebles argumentos.
G-20: Indice de Solidez de la Recuperación
“Fue el primer golpe con intenciones fundacionales”
Hace 40 años era derrocado Arturo Illia. Tres historiadores explican que con la dictadura que encabezó Juan Carlos Onganía comenzó “la idea de la transformación del sistema político” y la represión sobre expresiones del poder civil.
Hace 40 años el general Julio Alsogaray y otros oficiales armados entraron en la Casa Rosada y rodearon al presidente radical Arturo Illia. Lo desalojaron a la fuerza en la mañana del 28 de junio de 1966. Así comenzó la dictadura que encabezó el general Juan Carlos Onganía. “He asumido el cargo que las Fuerzas Armadas han coincidido en conferirme. La circunstancia nacional nos impone obligaciones inexcusables: producir un cambio fundamental que devuelva a los argentinos su fe”, proclamó Onganía. Como un preanuncio del golpe que vendría después, dijo que la “Revolución Argentina” no tenía plazos. Página/12 consultó a tres historiadores sobre las consecuencias políticas, económicas y culturales que tuvo ese golpe, así como sobre el rol que jugaron los movimientos sindicales, culturales y los medios masivos de comunicación en la antesala del terrorismo de Estado.
“En la época de Illia ya estaban planteados los conflictos que después se desplegaron en los setenta. La movilización tan amplia y generosa que hubo en los setenta no tuvo como opción la democracia. Ahí es donde ese tajo de Onganía en la historia hizo mucho daño a la Argentina, al no permitir la opción de la democracia”, explicó Luis Alberto Romero, titular de la cátedra de Historia Social y General de la UBA, quien también recordó el rol que jugaron los medios de comunicación en el golpe. “La construcción de la imagen de Illia empezó antes de que asumiera. Toda la caída estuvo rodeada por esa imagen de la incapacidad del Presidente, sumada a la de la crisis económica, aunque luego se comprobó que era un momento de bonanza. La otra imagen totalmente construida fue la de Onganía: de un mediocre general trataron de hacer un nuevo caudillo”, aseguró Romero.
El hecho maldito
“Lo que hace inviable la democracia es la proscripción del peronismo en el ’55, pero Illia había avanzado mucho para abrir ese callejón sin salida. Con un poco más de tiempo, podría haber llegado a un acuerdo sobre las reglas del juego, como fue después La Hora del Pueblo, en 1971”, destacó Romero, que –haciendo uso de la historia contrafáctica– matiza el rol que cumplió el sindicalista Augusto Timoteo Vandor con su proyecto de formar un “peronismo sin Perón”. “Los sindicatos jugaron un papel importante en el golpe, pero el vandorismo básicamente era oportunista, no estratégico. Si las cosas hubieran ido por el lado de las instituciones, se hubieran acomodado”, hipotetizó.
“Al participar de algún modo del golpe, el vandorismo produjo una crisis en el movimiento obrero”, destacó el historiador José Vazeilles, quien afirmó que rápidamente se generaron resistencias dentro del propio sindicalismo: la CGT de los Argentinos, de Raimundo Ongaro, y el clasismo sindical de Sitram-Sitrac y de Luz y Fuerza, con Agustín Tosco en Córdoba. Vazeilles rechaza la lectura de que Illia haya tenido un “pecado de origen” con la proscripción del peronismo, que se volcó al voto en blanco y lo llevó a ganar las elecciones con un 27 por ciento en julio de 1963. “A Illia lo habían votado unos millones y a Onganía lo votaron cuatro personas. El iba camino a resolver la proscripción, que era la bestia negra de los militares”, aseguró.
No tan dictablanda
“La intención era gobernar con la exclusión de todos los partidos, porque el bloque oligárquico sólo momentáneamente ha tenido un partido propio, como fue el intento de la UCeDé de Alvaro Alsogaray, que era hermano del oficial que lo desalojó a Illia”, remarcó Vazeilles, quien recordó que “los golpes nunca han sido puramente militares, sino que fueron impulsados por los sectores concentrados, con la participación de la Sociedad Rural, que siempre fue una institución golpista. Ellos lo aplaudían a Onganía, a pesar de que sus políticas económicas no favorecían al campo”.
El historiador también consideró que la caída de Illia sentó un precedente para el golpe del ’76. “Una cosa que inaugura el golpe del ’66 es no declararse gobierno provisional, sino que tiene intenciones fundacionales de un nuevo orden constitucional. Esa es una novedad en esa historia de los golpes, que retoma el de 1976, que fue el más terrorista de todos desde 1955”, resaltó.
En ese sentido, la historiadora Hilda Sábato coincidió con que “este golpe en particular inaugura de una forma muy fuerte la idea de la transformación del sistema político. Se pretendía cambiar las bases con las que el sistema republicano argentino existe desde sus orígenes”. “También inaugura una práctica de represión sobre distintas expresiones del poder civil: intervienen la universidad, los partidos políticos, la vida sindical, cosa que el golpe del ’76 volvió a hacer con creces. La idea era cambiar las bases del sistema institucional y convertirlo en un sistema corporativo”, reflexionó Sábato.
La historiadora planteó que confluyeron en ese momento las visiones de sectores progresistas y de derecha sobre el gobierno radical. “Curiosamente, también los sectores de izquierda estábamos contra Illia por otros motivos, por lo que jugó como un movimiento de pinza”, consideró. “Los militares le cuestionaban su debilidad ante el comunismo internacional porque, por ejemplo, con la intervención de Estados Unidos en Santo Domingo en 1964, Illia se negó a mandar tropas”, analizó.
“También los militares le señalaron el problema del ‘libertinaje’ cultural de los sesenta: el lugar de la mujer, el sexo. Eso tuvo una repercusión en la vida cotidiana, en la forma en la que nos vestíamos y nos comportábamos”, recordó la historiadora, que en ese momento era estudiante universitaria. “Los grupos progresistas lo dábamos como natural, mientras por derecha lo veían como la decadencia de la familia y los valores cristianos. Lo primero que hizo Onganía fue atacar todo eso: desde intervenir el Instituto Di Tella hasta cortar el pelo a los jóvenes en la calle”, señaló Sábato. “El golpe de Onganía se inscribe en una serie que empieza en los ’30 y esperemos que haya terminado”, concluyó.
Escrito en Febrero de 1983 por Santiago Kovadloff.
En el n° 99 de la revista Humor.
No fue un Churchill. Ni un De Gaulle. Ni un Adenauer. No fue un Yrigoyen ni un Peron. No despertó el fervor de las masas ni en su palabra palpito la genialidad de un iluminado. Con el no perdimos una personalidad deslumbrante. Ni un orador que nos cautivara. Ni una inteligencia sin par. Perdimos a un hombre bueno.

Solo quienes ignoran el sentido medular de esta palabra pueden subestimar lo que ella implica cuando es atributo de un estadista.
Una vez a los argentinos nos gobernó un hombre bueno. Ello implica: un ser para quien sus convicciones personales jamas fueron dogma, ni el prójimo un instrumento, ni el despotismo un recurso valido de poder, ni el gobierno en si mismo un fin.
El país anda hoy sediento de virtudes elementales: justicia, honradez, paz, confianza, trabajo y libertad. Son formas de la bondad que es, en ultima instancia, la esencia del altruismo.
Una vez lo argentinos tuvimos por presidente a un hombre bueno. Si es hondo el deterioro de la Republica se debe a que la sustancia humanista de nuestra organización social se ha perdido. Deshecha por la frustración, ella parece haberse acercado como nunca a esa tierra de nadie y de nada que la Biblia intuyo bajo el nombre de Apocalipsis.
A las naciones se las predica con la conducta de sus gobernantes. Roguemos que no haya cundido, entre los gobernados de nuestra patria, el ejemplo de quienes la condujeron estos últimos años. Que no hayamos aprendido a asesinar para resolver nuestras discrepancias. A estafar, a mentir, a aterrar, a sobornar, a torturar y a negar nuestros actos. Roguemos que cunda, en cambio, el ejemplo de hombres como el que ahora perdimos y que caben comodamente en la palabra bueno.
Con el se fue un rostro transparente. Por lo tanto, un rostro excepcional en la Argentina moderna. El rostro de un hombre que nunca recurrio al lenguaje para estafar a quienes lo escuchaban. Que jamas hablo para ocultar sino para darse a conocer entero.
Hubo en la historia del país algunos estadistas a quienes es posible imaginar de pie y sin custodia en cualquier esquina de Buenos Aires, confundidos con la marea ciudadana. Hombres entre hombres. El fue uno de ellos. Todo en el remitia a las virtudes del ciudadano cabal. A quienes trabajan y recorren las ciudades y los campos. A quienes habitan las casas donde no hay armas ni centinelas. A quienes desconocen la retorica, la soberbia, el miedo que emana de las acciones miserables y las mediocridades del lujo mal habido. Entre los que gobernaron la Nacion, hubo algunos a quienes es posible identificar con los gobernados porque fueron seres de su misma estirpe. El fue uno de ellos. Fue, como los millones que le dan forma al cotidiano del país, un presidente de todos los días.
Si como quiso el griego clásico, los muertos hablan a los vivos desde el reino de las sombras, pidamos que su voz no se aparte de la patria; que se haga oir y que respalde a los que aun creemos que la Republica es posible. Que nos alumbre para que sepamos que no hacer, que no decir, que no creer, que no escuchar. Ya nos ocuparemos nosotros, bajo su aliento inspirador, de seguir luchando mas y mejor por lo que si cabe hacer, decir, creer y escuchar. Y para que un dia este suelo sea de contar al Dr. Arturo Umberto Illia entre quienes en el descansan en paz.
Uno de los temas centrales del debate preelectoral fue aquel que girara en torno a los contratos petroleros suscriptos por el gobierno de Arturo Frondizi con compañias extranjeras.
Debemos recordar que en plena contradiccion con su predica de años en materia petrolera, Frondizi habia otorgado una serie de concesiones petroleras a partir de 1958.
La UCRP y su candidato Arturo Illia levantaron durante toda su campaña electoral su intencion de anular esas concesiones contrarias a los intereses nacionales.
Fiel a la palabra empeñada, a un mes escasod e asumir la primera magistratura el presidente declara nulos de nulidad absoluta esos contratos, desatando una serie de presiones y gestiones tendientes a que de marcha atras con esa decision.
Asi, el 15 de Noviembre Illia firmo los decretos 744 y 745/63 que declaraba a esos contratos
“Nulos de nulidad absoluta, por vicios de ilegitimidad y ser dañosos a los derechos e intereses de la Nacion”.Los turbios y poderosos intereses que jugaban detras de las prebendas que significaban esos contratos, no dudaron de utilizar todo tipo de argumentos y actitudes para defender las enormes ganancias que ilegitimamente obtenian a costa del patrimonio de los argentinos.
Asi, se llego a decir que esa anulacion impedia el autoabastecimiento de petroleo, que se favorecia a los importadores, que las indemnizaciones a las empresas extranjeras llegaban a los 200 millones de dolares, que habia mermado la produccion, entro otras muchas argumentaciones.
Ninguno de los interesados argumentos resistio el peso de la realidad. Asi, por ejemplo las indemnizaciones-que no fueron tales, dado que solo se pago las inversiones efectuadas- no pasaron de los 100 millones, pero si se computa el costo de los equipos logrados por YPF de resultas de anulacion, la riqueza petrolifera y gasifera recobrada para el pais, las divisas no giradas al exterior en concepto de regalias y utilidades que hubieran dado lugar los contratos cesantes, el pais obtuvo beneficios que superan largamente la cifra abonada.
De una idea de transparencia del procedimiento el articulo octavo de ese decreto que establecia que
“los funcionarios publicos, empleados y demas personas que intervengan en los distintos actos dispuestos y originados por el presente decreto no tendran derechos ni percibiran remuneracion especial alguna, por tratarse de servicios a prestarse en interes de la Nacion”.Lejos estaban todavia los tiempos de las consultoras que ponen a algunos funcionarios de un lado y del otro del mostrador…
La produccion, en lugar de disminuir como lo pronosticaban los interesados en defender los contratos, aunmento levemente como lo indica el siguiente cuadro:
Por otra parte , YPF que solo comercializaba el 20% de los productos petroleros en el mercado interno, paso a comercializar el 60%.
La firmeza y conviccion que el presidente Illia pusiera en la defensa del patrimonio energetico nacional queda elocuentemente testimoniado en la actitud mantenida frente al embajador norteamericano Robert McClintock, y el enviado del Departamento de Estado, Averrel Arriman. A este ultimo, y frenet al argumento esgrimido por el visitante sobre la conveniencia de no anular los contratos, dado que las compañias son “muy importantes”, la respuesta rapida y firme de Illia fue :
“No lo dudo. Pero mi pais es mucho mas, y la Argentina como pais soberano que es, cuando toma una medida de este caracter, irreversiblemente, la mantendra”.Fuente: “Volver a Illia, para marchar al futuro”, de Pedro J. Azcoiti